• Honestidad, por sobre todas las cosas.
  • Profesionalismo.
  • Investigación.
  • Transparencia en la información.
  • Reciprocidad en las prestaciones.
  • Proyectos “a medida” para cada cliente.
  • Trabajo personalizado.
  • Fundamentación para cada argumento de asesoramiento estratégico.
  • Cordialidad y buena predisposición para el trabajo en equipo.
  • El cliente (casi) siempre tiene la razón. Asesorarlo correctamente es una obligación        del consultor.
  • Sentido común, criterio propio, convicción, decisión, ejecutividad.
  • Pensar en grande, actuar con humildad: “Nada es tan grande como para               asustarnos, ni tan pequeño como para no interesarnos“.